Padre Creador, Hijo Redentor, Espíritu Santificador: Tres Personas, Solo Un Dios.

Hoy la Iglesia universal celebra a la Santísima Trinidad, además, una de las parroquias a cargo de nuestro Instituto en Chile celebra su fiesta patronal; la Parroquia Santísima Trinidad de Limache a cargo del Rvdo. Padre Jimmy Véliz y que desde este año acoge a la Casa de Formación.


Compartimos la reflexión sobre la Santísima Trinidad, realizada por el Seminarista Fernando Zamora IVDei:


Dice el apóstol Mateo en el Capítulo 28 de la Biblia: Enseñen y bauticen a la gente en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Un solo Dios en tres personas. Desde nuestro bautizo estamos marcados por este Dios. En el bautismo nos aparta y nos hace suyos. ¿Qué significa esto? ¿Qué significa estar apartado para Dios?


Para entender este misterio es necesario reflexionar en torno a la santidad. Y santidad significa justamente eso: apartarse, separarse. En hebreo se dice qadosh. Refiere al carácter separado de Dios. Meditemos en ello: si La Trinidad es lo más santo de todo el Universo, Jesucristo, que forma parte y al mismo tiempo es toda la Trinidad, al hacerse humano por nosotros realiza el más grande acto de amor. Es un amor de bondad y cariño. Es un acto de caridad en el sentido más amplio. Y misericordia. Dios se está rebajando a tomar un cuerpo herido por el pecado original, un cuerpo que sufre de dolor y corrupción y muerte. ¿Por qué lo hace? Para permitirnos que pongamos, como el discípulo amado, nuestro corazón junto a su corazón. Esto es la misericordia. Su corazón junto al nuestro da sentido a cada sufrimiento corporal o de cualquier otra índole que padezcamos. Y al hacerlo, al poner nuestro corazón en sintonía con el corazón de la Trinidad, Él, Jesús, nos permite ofrecer el único sacrificio capaz de expiar todos los pecados de la humanidad.


Siempre se dice que la Trinidad es un misterio. Lo es en el sentido de que toda verdad es misteriosa, pero en realidad es algo muy razonable. Los Padres de la Iglesia lo fueron descubriendo poco a poco al interpretar correctamente las Escrituras. Jesús afirmaba que era Dios. ¿Si no cómo puede entenderse el pasaje de Juan 8 en que afirma, “antes de que Abraham fuese, yo soy”? ¿O en Juan 14, 6, Yo soy el camino, la Verdad y la Vida? Y al mismo tiempo, ¿Cómo interpretar al Espíritu que se movía sobre la faz de las aguas en Génesis 1,2? Poco a poco comenzó a emerger la realidad: Un Dios indivisible y único en tres Personas. La Trinidad. Como sucede con todas las interpretaciones Bíblicas, cuando son correctas, esta Verdad echa luz sobre otros pasajes misteriosos. La verdad de la Trinidad ilumina al misterioso personaje que le da un nuevo nombre a Jacob y le llama Israel: era Jesús. Entendemos también quiénes son los tres varones en Génesis 18. A Abraham, nuestro predecesor en la fe, se le apareció la Santísima Trinidad. ¿Y para qué? Para bendecirlo. Para sellar con él y con su mujer un pacto que culminaría con la encarnación de Dios mismo en Belén.


No, no es difícil pensar en la Santísima Trinidad. No se trata de llegar a comprenderlo que sería tanto como comprender a Dios mismo, pero en cierto modo y con la luz de la fe es tan simple como lo enseñó San Patricio: la Trinidad es como un trébol. Tiene tres hojas, pero en realidad es una sola hoja. Piensa en ello. En la santidad de este Dios Trino, en que te llama a ser santo como Él, a ser apartado del mundo como Él y sin embargo que puede rebajarse por amor a entrar en el mundo. Piensa en el Espíritu que da vida a las aguas, a la vida y, lo más importante de todo, a tu lengua, a tus palabras. Que todas tus palabras sean santas. Como las palabras de Jesús quien nos dijo en Mateo 5, 48: sean santos, como mi Padre es Santo.



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