Dios ha vencido a la muerte: ¡Jesús resucitó!

Resucitó. De verdad resucitó. No es un sueño ni una ilusión: el Rey del Mundo venció a la muerte con sus propias armas. Y el diablo está furioso porque su arma más terrible, la más violenta, la muerte, fue utilizada en contra suya. la tumba está vacía. Y no sólo eso, María Magdalena lo vio. ¿Alguna vez has pensado por qué fue ella la primera en ver a Jesús?


En el viejo Israel las mujeres ni siquiera podían asistir como testigos en un juicio. La palabra de una mujer no valía mucho. Si Jesús hubiese querido que el Evangelio fuese escrito para convencer a los incrédulos no hubiese escogido a Magdalena para dar testimonio del más grande milagro en la historia del universo. ¿Por qué escogió a María? María sufrió toda clase de injusticias por el sólo hecho de ser mujer. Y Él, al resucitar, se aparece a quien más lo necesita. Además, Magdalena había estado al pie de su cruz. Y se había hecho amable. No sólo en el sentido de ser gentil, sobre todo en el de hacer cosas que la hacían merecedora de amor.


Jesús se aparece a la gente lista en el corazón. Porque sabe que por más milagros que haga, los “sabios” los “fuertes” los “pagados de sí mismos” nunca van a creer en Él. ¿Por qué no se apareció al Sanedrín o a Pilato? ¿Por qué a Magdalena? La gente que no quiere creer en milagros; no lo hará “por más que los muertos resuciten.”


Lo primero que vale la pena reflexionar es si realmente queremos ser como Magdalena. Para ello hay que estar al pie de la Cruz en los momentos justos, pedir perdón en los momentos propicios y ser felices con Jesús en días como hoy. Ser amables como Magdalena en el sentido de saber hacernos querer y pedir perdón cuando es necesario. Porque Magdalena no sólo se arrepintió como Judas, sino que hizo lo correcto: pidió perdón.


El libro de los Salmos deja muy claro que hay dos modos “de subir al Monte del Señor.” Uno es el hombre de manos inocentes y corazón puro. Otro es el hombre que pide a Dios que lo lave, que lo purifique. Nosotros que somos pecadores como Magdalena ¿le pedimos a Dios que nos lave? Si lo hacemos podremos estar junto a Él en esta Pascua, regocijarnos de que es verdad que la muerte no existe, que nacimos para la vida.


¿Alguna vez has pensado por qué nos da tanto miedo la muerte? Santo Tomás decía que la muerte nos da miedo porque hemos nacido para la vida. Y es cierto, la Resurrección, la Pascua lo demuestra, nacimos para vivir, para vivir eternamente, junto a María, junto a Juan, junto a todas las personas que hemos amado y que se nos han adelantado. Hemos nacido para vivir con Jesús en la Eternidad del Padre. Pidámosle pues a Dios en esta Pascua que nos deje ser como Magdalena y arrepentidos, nos permita ascender al Monte Santo en el que vive Jesús rodeado de todos sus santos.


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