Viernes Santo de la Pasión del Señor: "Todo se ha cumplido"

El día de hoy acompañamos amorosamente a Cristo en el camino de la Cruz. Cuando amamos a alguien y especialmente cuando esta persona está enferma o en alguna tribulación, más la queremos acompañar. Esta realidad resulta especialmente comprometedora y reconfortante en este Viernes Santo. Hoy acompañamos a Jesús en su camino hacia el Gólgota y, si somos fieles, nos mantendremos al pie de su Cruz. Como Juan, el discípulo amado; el único que no murió en el martirio. ¿Por qué Juan no murió martirizado como los otros discípulos?


Los padres de la Iglesia dicen que porque su martirio, su sacrificio, fue vivido en su momento, cuando correspondía: a los pies de su maestro. En la Cruz. Estaba también junto a María Magdalena y junto a María; madre de Jesús y madre nuestra. No todos los discípulos tuvieron ese privilegio que, decía antes, compromete y reconforta.


Compromete porque queremos ser como Juan o María Magdalena, como el discípulo amado, el de puro corazón o la discípula arrepentida que, lavada por Jesús “quedó más blanca que la nieve.” Queremos ser como ellos y no como Pedro que en aquel momento iba a salto de mata, corriendo para esconderse. Mucho menos como Judas que, se ha dicho que se arrepintió, pero no pidió perdón así que ¿de qué le puede haber servido su arrepentimiento? Al contrario, su consternación ante el crimen horrendo que cometió fue expresarla ante el Sanedrín, pero a ellos ¿qué podía importarles el arrepentimiento de Judas? Si Judas realmente se hubiera arrepentido, hubiese pedido perdón a Juan, a María, a Magdalena, a los santos que se mantuvieron al pie de la Cruz.


Al otro lado de la moneda está el privilegio de ser acompañantes de Jesús en este Viernes Santo pues ¿acaso no reconforta saber que los que estamos junto a La Cruz somos como los familiares más cercanos de un hombre o una mujer que se encuentra en una penuria o en una tribulación? Hoy por hoy, con todo lo que ha sucedido con la pandemia y con todo lo que viene, resulta evidente que el bien y el mal se encuentran enfrascados en una batalla a muerte. Pues bueno, si tú que eres pecador defiendes a tus familiares y amigos, ¿cuánto más no harán los santos por ti que eres su familiar?


Reconfortarte, Jesús, María, Juan y todos los que se mantuvieron al pie de la Cruz son familia tuya. Y no van a permitir que pierdas tu alma inmortal. Al contrario, van a hacer todo lo posible para llevarte, al fin de los tiempos, junto a ellos, al Paraíso, ese lugar en el que estarás con todos los que has amado en la vida. Y podrás abrazarlos como abrazó Jesús a su Santa Madre cuando la coronó como Reina del Cielo.








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