De Limache a Andacollo: Será hasta vuelta de Año mi Chinita

El día sábado 6 de octubre de 2018 un grupo de peregrinos de la Parroquia Santísima Trinidad iniciaba su viaje desde Limache hacia la ciudad de Andacollo (Región de Coquimbo) para participar en la Fiesta Chica en honor a Nuestra Señora del Rosario de Andacollo.


A continuación, su párroco, el Padre Jimmy Véliz nos relata el testimonio de esta experiencia de fe:


La iniciativa nace después de que en numerosas prédicas y ocasiones había contado la experiencia de la religiosidad popular en el Santuario de Andacollo. Ante tan repetida mención, en más de una ocasión alguien se me acercaba y preguntaba: “Padre, ¿Y cuándo nos lleva a Andacollo?


Esta inquietud no tardaría en hacerse realidad. Esta iniciativa de peregrinar al Santuario rápidamente llamó la atención de más personas y al poco andar teníamos cerca de 35 personas curiosas e interesadas por saber qué tanto tenía este santuario y su fiesta.


Después de casi 6 horas de viaje llegamos al Santuario de Andacollo, cambiando el paisaje, adentrándonos por caminos poco conocidos y finalmente, pasando cada vuelta de la famosa cuesta San Antonio, camino obligado para llegar al Santuario.


Contemplar los rostros de admiración de mis feligreses ante la majestuosidad de una basílica construida en medio de la altura y la aridez propia de un pueblo minero fue algo singular. Como todo peregrino que sube por primera vez a Andacollo y mira desde la Cruz Verde el pueblo en sí y estas dos Iglesias que se alzan en el corazón del pueblo, estos feligreses limachinos no podían imaginar lo que aún les quedaba por vivir.


Una vez ya instalado en una capilla del Barrio Norte, donde viví mi infancia, bajamos al Santuario para hacer un breve recorrido histórico de la Iglesia, el museo, la fiesta, y por supuesto, la querida Chinita. Así comenzaría a vivirse una gran fiesta.


Luego de la misa, comenzarían a vivir el traslado de la Sagrada imagen, desde su casa habitual (el Templo Chico) a la Basílica, donde pudieron contemplar como una plaza se repletó de una muchedumbre que acudía a acompañar a su madre en el inicio de su fiesta. Los bailes religiosos, el canto, la música, los rezos y llanto de las personas, la primera gran impresión para estos curiosos feligreses Limachinos.


Luego de este momento me acerqué a algunos de mis feligreses que peregrinaban desde Limache, para captar sus primeras impresiones. Mirar sus rostros llenos de emoción e incluso con lágrimas, me hacían advertir sus corazones llenos de emoción y admiración ante tanta fe y espiritualidad. Esto se repetiría al día siguiente, al ver que la multitud de feligreses, y con ellos más danzas, rezos y lágrimas, acciones de gracias y peticiones, no cesaban en el transcurso de todo el día.


El domingo la jornada comenzó temprano, a las 9.00 horas nuestra parroquia tenía la gracia de celebrar una eucaristía en el Santuario. La voz del sacerdote evocaba la misa que habitualmente celebraban en su parroquia, pero el entorno, el ambiente y la compañía de tantos peregrinos añadía algo especial a la ocasión.


El momento más solemne y estremecedor de la jornada, transcurriría cerca de las 16.00 horas, cuando al Chinita de Andacollo saldría a recorrer las calles de su pueblo, entre la algarabía y danza de los bailes religiosos, los saludos de los peregrinos y la oración de toda una multitud. Este también sería el momento más inolvidable para estos limachinos y limachinas que presenciaban a una muchedumbre que alaba y llega a Dios por medio de María.


Algunas de estas feligresas, de fe bien formada y de años de experiencia, miraban atónitas el llanto de los peregrinos al tocar el anda. Y al regreso me comentaban: “Yo también quise tocar, porque no podía entender que tenía esta imagen, que tenía este anda que hacía a hombres y mujeres de toda edad llorar de esa manera. Fue ahí cuando comprendí: al poner mi mano sentí la fe con el cuerpo, como algo físico, y al mirar la imagen, experimenté la cercanía de la virgen y un desahogo de todo lo que traía: penas, enfermedad, cansancio, todo se lo quedó la chinita, todo quedó en su anda”.


No me olvido de sus palabras de gratitud. “Gracias Padre por habernos traído a vivir y ser parte de esta fiesta”. Prontamente su corazón se había contagiado del tradicional grito de fe y alabanza que repite todo un pueblo: “¡Viva la Virgen de Andacollo, viva!”




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