Domingo XX: Unidos por un mismo alimento

San Juan 6,51-58


Cada día al comer, el alimento es asimilado por nuestro cuerpo, nos da la energía suficiente, nos moviliza en las diferentes tareas que realizamos. En las lecturas de hoy, la imagen de la comida se sigue repitiendo para hablarnos de algo mucho más importante que comer a diario.


La primera lectura nos muestra brevemente a la sabiduría como un alimento para nosotros. Un alimento que nos nutre y va transformando nuestra manera de ser. También en el evangelio, Jesús es cuestionado por ofrecer a las personas su carne y su sangre, como un alimento de vida eterna para las personas. La gente no lo entiende ¿cómo puede haber un alimento así?


Con estas palabras, Jesús nos habla de alimentarnos, de nutrirnos de él, su evangelio, su mensaje, para energizar nuestra vida e impulsarla hacia los demás, hacia Dios. Al comer el alimento que Dios nos regala, nos estamos alimentando de él, de su palabra, para que produzca en nosotros un cambio real y concreto.


Quién come algo en mal estado, sabe que le traerá malas consecuencias, nos producirá enfermedad o al menos un desánimo. Por el contrario, quién se alimenta de un plato bien preparado, con todo lo necesario, se ve reestablecido, lleno de energía y agradecido por el gesto de la comida. Esto nos hace preguntarnos ¿De que se está alimentando mi vida hoy? Si nos alimentamos de malas acciones, injusticias, críticas y pelambres nuestra vida se verá afectada por un ambiente tóxico, que finalmente hará enfermar nuestro corazón. Pero, el que se alimenta verdaderamente de la eucaristía vivirá un proceso de constante conversión, comenzará a vivir desde ya los valores del reino, de la justicia, la solidaridad y de la paz.


Ahora ¿Cómo es que tanta gente va a misa y no puede alimentarse de estos valores? Muchos católicos se definen "a mi manera" pero se olvidan que quitan del centro a quién le da sentido a nuestra fe. Debemos ser católicos a la manera de Jesús, pues eso nos permite unirnos a él e ir mejorando poco a poco. Por eso, va a depender del verdadero compromiso que tengamos con la misa, sin este compromiso, sin esta unión con Jesús, el alimento de la eucaristía caerá en saco roto, no producirá nada en el corazón, nuestra misa será un rito vacío donde sólo vamos por costumbre u obligación.


Cuando escuchamos la Palabra del Señor y nos acercamos luego a comulgar nos alimentamos, y esto significa que nos unimos, nos hacemos uno con quién nos alimenta, con Jesús. De la calidad de esta unión dependerá la transformación que experimentemos. Que cada misa sea para nosotros esa ocasión de unirnos en torno a una misma mesa, a un mismo alimento, que al unirnos todos en torno a Jesús veamos nuestra vida transformada al servicio de Dios y de los hermanos.


Que María nos ayude en este desafío.


P. Jimmy Véliz, ivDei


Para reflexionar esta semana:

¿Me uno realmente a Jesús en cada eucaristía? ¿Vuelvo a casa igual después de cada misa? ¿Qué caminos de conversión me invita a recorrer Jesús hoy? ¿Son católico a mi manera o me esfuerzo por ser católico a la manera de Jesús? ¿Qué acciones concretas puedo hacer esta semana para vivir el evangelio que Jesús me regaló?





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