Domingo XIX: ¡No critiques! Aliméntate del Pan de Vida

San Juan 6,41-51

Hoy domingo, en que el evangelista Juan nos invita meditar y a mirar a los judíos incrédulos, sordos, ciegos y mudos, me pregunto ¿cómo estamos hoy?


Ellos no fueron capaces de reconocer a Dios en plenitud. Frente la pregunta que se hacen «¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? Yo me pregunto ¿De verdad los conocían?


Hoy, creo que es importante que nos planteemos esta pregunta, para mí, como creyente, como consagrado, como Voluntas Dei. Porque hoy en el mundo al igual que en ese tiempo hay incrédulos, que quieren hacer desaparecer a Cristo, lo segregan, no lo reconocen como el pan bajado del cielo. Así, no quieren reconocer a Jesús como este Dios que viene a ti, te abraza y te dice: te amo, cuenta conmigo.


Que sabio y amoroso es Jesús, como conoce al hombre con su corazón de piedra. A diferencia de nosotros es esperanzador, con Él, el hombre y la mujer cambiarán, pues transformará su corazón de piedra en uno de carne, sólo con su gracia.


Hoy mirando de mi perspectiva Voluntas Dei, no puedo dejar de pesar que soy instrumento de Dios, hombre pecador, de manos impuras, que, frente a mi espiritualidad no puedo cerrar los ojos, mis oídos y mis manos a la realidad. Jesús me dice: no te quejes, no critiques, no destruyas.


Es una tarea para mí, pero también una tarea para ustedes hermanos hermanas. Es una tarea de todos los que creemos en la resurrección, para quienes nos hemos consagrado a vivir en la fidelidad al PAN DE VIDA que baja del cielo. Nos hemos consagrado a ser testimonio vivo del amor de Dios, mirando con ojos cristianos y contribuyendo a la edificación de esta Iglesia viva en la que estamos insertos.


No dejemos de escuchar a Dios, seguir los pasos de Jesús, para heredar la vida eterna. Hoy nosotros somos los discípulos y no podemos dejar de lado esta tarea.


¿Quién ha visto al Padre? ¿Como lo podemos ver? ¿Dónde lo podemos ver? ¡Si! Lo veo en la eucaristía cuando mis manos indignas de sacerdote se extiende frente al pan y el vino y pronuncio las palabras de Cristo, veo a Jesús sacramento de vida, como cuerpo y sangre para todos nosotros como alimento imperecedero.


Veamos a Jesús en cada eucaristía, alimentémonos de él, seamos instrumentos de Dios para alimentar a los demás.


Con cariño, Padre Marcos Guerra. i.v.Dei.


Para reflexionar esta semana:

¿Cómo contemplo el misterio de Dios en cada misa? ¿Cómo reconocemos a Jesús en el momento presente? ¿Es la eucaristía un espacio para reconocer junto a otros el rostro amoroso de Dios?





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