Domingo XVII: Estar atentos a los demás

La gente a nuestro alrededor, siempre habrá! Podemos ignorarlos siendo indiferentes, no aceptándolos hasta criticarlos o estando atentos a ellos para ver sus necesidades.


Después de una misión de los apóstoles, Jesús pasa del otro lado del lago para disfrutar de un momento de quietud con sus discípulos y para unirse con el Padre en oración. Él también a veces necesita descanso y fortaleza. Pero la multitud lo siguió. Ella está indefensa y necesita escuchar a Jesús otra vez. Al verlos, su atención se convierte en una pregunta práctica que revela su inmensa bondad: "¿Dónde podemos comprar pan para que coman? Cuando se les pregunta, los discípulos responden de manera mixta. Felipe calcula que el gasto es demasiado grande e inmediatamente descarta la propuesta. Andrés entiende mejor la solicitud de Jesús. Él señala que un niño tiene algo que compartir: 5 panes y 2 pescados. Pero eso es insuficiente. El problema planteado por Jesús no es molestar a sus apóstoles, sino ponerlos más atentos a las necesidades de sus hermanos y hermanas. No tienen que sentirse culpables sino responsables el uno del otro. Jesús tampoco quiere que sus discípulos se desanimen. Entonces, gradualmente les enseña a contar con él para cumplir su misión.


Jesús no deja al Padre cuando mira las necesidades del ser humano. Él lo obedece por el contrario y nos revela el verdadero rostro de Dios, su Padre. Al contemplar a Cristo en el Espíritu, Pablo comprende que solo hay "un Dios y Padre de todos".


Incluso en vacaciones, el Señor nos cuida. Él nos invita a estar atentos a las necesidades de quienes nos rodean. Se trata de mirar alrededor para ver quién está sufriendo, quién está en una mala situación para ayudar con lo poco que tenemos y especialmente con nuestra confianza en Jesús que nos asegura su ayuda cuando la necesitamos. Él nos invita a sentirnos responsables el uno por el otro. Nuestro Dios es el amo de lo imposible. Ninguna de nuestras necesidades es ajena a él. Su amor y gracia son para nosotros una fuente inagotable de paz. ¡Confiemos en él!


Que María, la Virgen de la Anunciación, nos acerque a su Hijo para reconocer que lo necesitamos para vivir feliz en nuestro deseo de ayudar a las personas necesitadas.


P. P.Marois IVDei




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